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para Javier (traducción de R. Gary)

Va una pequeña traducción (mía) del inicio de La vie devant soi, de Romain Gary, el libro que me recomendó Assaf. Noté que no parece estar traducido al español, o por lo menos no parece que sea fácil conseguirlo. La traducción es rápida - hay probablemente muchas cosas que se pueden mejorar. En particular, no puedo traducir el insulto "sale bicot" - insulto francés genérico a los árabes - y lo dejé tal cual.


Dijeron: "Te enloqueciste por culpa de Aquél a quien amas".
Dije: "El salvador de la vida no es sino para los locos".

Yâfi'î, Raudh al rayâhîn


Lo primero que les puedo contar es que vivíamos en el sexto piso a pie y que para Madame Rosa, con todos esos kilos que cargaba sobre ella y solo dos piernas, era una verdadera fuente de vida cotidiana, con todas las preocupaciones y las penas. Nos lo recordaba cada vez que no se quejaba de algo distinto, porque además era judía. Su salud tampoco era buena, y puedo contarles también desde el principio que era una mujer que se hubiera merecido un ascensor.

Yo debía tener tres años cuando vi a Madame Rosa por primera vez. Antes uno no tiene memoria y vive en la ignorancia. Dejé de ignorar a los tres o a los cuatro años y a veces me hace falta.

Había muchos otros judíos, árabes y negros en Belleville, pero Madame Rosa tenía que subir los seis pisos sola. Decía que un día se iba a morir en las escaleras, y todos los niños nos poníamos a llorar porque eso es lo que uno hace cuando alguien se muere. Éramos a veces seis a veces siete o a veces aún más en ese plan.

Al principio, yo no sabía que Madame Rosa me cuidaba solo para cobrar una fianza a final de mes. Cuando lo supe, ya tenía seis o siete años y me dio durísimo saber que yo era pagado. Yo creía que Madame Rosa me quería porque sí y que éramos algo el uno para el otro. Lloré por eso toda una noche y fue mi primera gran pena.

Madame Rosa se dio cuenta de que yo estaba triste y me explicó que la familia no quiere decir nada, y que incluso las hay que se van de vacaciones y abandonan a sus perros amarrados a árboles y que cada año hay tres mil perros que se mueren así privados del afecto de los suyos. Me tomó sobre sus rodillas y me juró que yo era el ser más querido del mundo para ella, pero yo me acordé ahí mismo de la fianza y me fui llorando.

Bajé al café de Monsieur Driss, abajo, y me senté al frente de Monsieur Hamil, que era mercader de tapetes ambulante en Francia y ha visto todo. Monsieur Hamil tiene ojos bellos que hacen buena atmósfera alrededor de él. Era ya muy viejo cuando lo conocí, y desde entonces no ha hecho más envejecer.

- Monsieur Hamil, ¿por qué sonríe siempre?

- Doy gracias a Dios todos los días por mi buena memoria, Momó.

Me llamo Mohammed pero todo el mundo me dice Momó porque suena más a niño.

- Hace sesenta años, cuando era joven, conocí a una joven que me quiso y que yo quise también. Fueron ocho meses, después ella cambió de casa, y todavía me acuerdo de ella, sesenta años después. Le decía: no te olvidaré. Los años pasaban, y no la olvidaba. A veces me daba miedo porque yo todavía tenía mucha vida por delante, y ¿qué palabra podía yo darme a mi mismo, yo pobre hombre, dado que es Dios el que tiene el borrador? Pero ahora estoy tranquilo. No voy a olvidar a Djamila. Me queda poco tiempo, me voy a morir antes.

Pensé en Madame Rosa, dudé un poco y le pregunté:

- Monsieur Hamil, ¿se puede vivir sin amor?

No contestó. Tomó un poco de té de menta que es bueno para la salud. Monsieur Hamil siempre se ponía una jellaba gris, de un tiempo para acá, para no ser sorprendido en chaqueta si era llamado. Me miró y observó el silencio. Debía pensar que yo todavía era prohibido a menores de edad y que había cosas que yo no debía saber. En ese momento yo debía tener unos siete u ocho años, no puedo decirles exactamente porque no fui fechado, como van a ver cuando nos conozcamos mejor, si les parece que vale la pena.

- Monsieur Hamil, ¿por qué no me contesta?

- Eres muy joven y cuando uno es muy joven hay cosas que es mejor no saber.

- Monsieur Hamil, ¿se puede vivir sin amor?

- Sí, dijo, y bajó la cabeza como si le diera pena.

Me puse a llorar.

Durante mucho tiempo, yo no sabía que era árabe porque nadie me insultaba. Solo lo aprendí en el colegio. Pero yo nunca peleaba, siempre duele cuando uno le pega a alguien.

Madame Rosa había nacido en Polonia como judía pero se había defendido en Marruecos y en Algeria durante muchos años y sabía árabe como usted y yo. Sabía también judío por las mismas razones y nos hablábamos a menudo en ese idioma. La mayoría de los demás inquilinos del inmueble eran negros. Hay tres hogares negros en rue Bisson y otros dos donde viven por tribus, como lo hacen en África. Hay sobre todo sarakolés, que son los más numerosos, y todocolores hay muchos también. Hay muchas otras tribus en rue Bisson pero no tengo el tiempo de nombrarlas todas. El resto de la calle y del boulevard de Belleville es sobre todo judío y árabe. Sigue así hasta la Goutte d'Or y después empiezan los barrios franceses.

Al principio yo no sabía que no tenía mamá y ni siquiera sabía que fuera necesario tener una. Madame Rosa evitaba el tema para no darme ideas. No sé por qué nací ni qué pasó exactamente. Mi amigo el Mahoute que tiene varios años más que yo me dijo que eran las condiciones de higiene las que hacían eso. Él nació en la Casbah de Alger y solo vino a Francia después. Todavía no había higiene en la Casbah y nació porque no había bidet ni agua potable ni nada. El Mahoute supo todo eso más tarde, cuando su papá intentó justificarse y le juró que no había ninguna mala voluntad en nadie. El Mahoute me dijo que las mujeres que se defienden ahora tienen una píldora para la higiene pero que él había nacido antes de eso.

Venían bastantes madres una o dos veces por semana pero siempre era por los demás. Casi todos éramos hijos de putas donde Madame Rosa, y cuando ellas se iban por varios meses a la provincia para defenderse allá, venían a ver a sus hijos antes y después. Así fue como empecé a tener líos con mi propia madre. Me parecía que todo el mundo tenía una, salvo yo. Comencé a tener dolores de estómago y retorcijones para hacer que viniera. Había en el andén del frente un niño que tenía un balón y que me había dicho que su mamá venía siempre cuando le dolía el estómago. Me dolió el estómago pero no sirvió para nada, luego tuve retorcijones, y nada. Hasta me cagué en todo el apartamento para que se notara más. Nada. Mi mamá no vino y Madame Rosa me trató de culo de árabe por primera vez, pues no era francesa. Le grité que quería ver a mi mamá y durante semanas seguí cagando en todas partes para vengarme. Madame Rosa terminó por decirme que si seguía me iba para la Asistencia pública, y ahí sí me dio miedo, porque la Asistencia pública es lo primero que le enseñan a los niños. Seguí cagando por principio pero eso no era vida. Éramos en esa época siete niños de putas en pensión con Madame Rosa y todos se pusieron a cagar a quien más diera porque no hay nada más conformista que los niños y había tanta caca en todas partes que ya ni me hacía notar yo.

Madame Rosa ya estaba vieja y cansada sin eso, y lo tomó muy mal porque ya había sido perseguida como judía. Subía sus seis pisos varias veces al día con sus noventa y cinco kilos y sus dos pobres piernas y apenas olía la caca se dejaba caer con sus paquetes sobre el sofá y se ponía a llorar porque hay que entenderla. Los franceses son cincuenta millones de habitantes y ella decía que si hubieran hecho todos lo mismo que nosotros hasta los alemanes no habrían resistido, hubieran salido corriendo. Madame Rosa había conocido bien Alemania durante la guerra pero había vuelto. Entraba, olía la caca, y se ponía a dar alaridos "¡Esto es Auschwitz! ¡Esto es Auschwitz!", porque la habían deportado a Auschwitz por lo de los judíos. Pero siempre era muy correcta en términos de racismo. Por ejemplo estaba con nosotros un pequeño Moisés a quien le decía sale bicot, pero no a mí. Yo no me daba cuenta de que a pesar de su peso ella tenía delicadeza. Finalmente dejé de insistir, porque no servía para nada y mi madre no venía pero seguí teniendo dolor de estómago y retorcijones durante mucho tiempo e incluso ahora a veces me duele la barriga. Después intenté hacerme notar de otra manera. Comencé a robar en los almacenes, un tomate o un melón de la estantería. Siempre esperaba que alguien me viera para que se notara. Cuando salía el tendero y me daba una palmada yo me ponía a gritar, pero por lo menos alguien se interesaba por mí.

Una vez estaba frente a una tienda y me robé un huevo de la estantería. La tendera era una mujer y me vio. Prefería robar donde hubiera una mujer porque lo único de lo que yo estaba seguro era que mi mamá era una mujer, ni modo que no. Cogí un huevo y me lo metí en el bolsillo. La tendera vino y yo esperaba que me diera una cachetada para hacerme notar. Pero se acurrucó a mi lado y me acarició la cabeza. Incluso me dijo:

- ¡Qué buenmozo!

Primero pensé que quería que le devolviera el huevo por los sentimientos y lo agarré bien con la mano en el fondo del bolsillo. Solo era que me diera una cachetada para castigarme, es lo que debe hacer una mamá cuando lo descubren a uno. Pero se levantó, fue al mostrador y me dio otro huevo. Y después me dio un beso. Tuve un momento de esperanza que no les puedo describir porque no es posible. Me quedé toda la mañana ante el almacén esperando. No sé qué esperaba. A veces la señora me sonreía y yo me quedaba ahí, con el huevo en la mano. Tenía entonces seis años o algo así, pensé que era de por vida, pero era solo un huevo. Volví a la casa y me dio dolor de barriga todo el día. Madame Rosa estaba en la policía por un falso testimonio que Madame Lola le había pedido. Madame Lola era una travesti del cuarto piso que trabajaba en el Bois de Boulogne y había sido campeón de boxeo en Senegal antes de atravesar y había noqueado a un cliente en el bosque porque había resultado sádico, porque no podía saber. Madame Rosa fue a declarar que habían ido a cine con Madame Lola esa noche y que después habían mirado televisión juntas. Les hablaré más de Madame Lola, era de verdad una persona que no era como todo el mundo porque las hay. Yo la quería por eso.


-

Los niños son todos muy contagiosos. Cuando hay uno, llegan todos los demás de una. Éramos siete donde Madame Rosa en esa época, de los cuales dos durante el día, que Monsieur Moussa el basuriego bien conocido dejaba en el momento de las basuras a las seis de la mañana, en ausencia de su mujer que había muerto de algo. Los recogía por la tarde para ocuparse de ellos. Estaba Moisés que tenía menos edad que yo. Banania que se divertía todo el tiempo porque había nacido de buen humor, Michel que había tenido padres vietnamitas y que Madame Rosa no iba a guardar un solo día más desde hacía un año que no le pagaban. Esta judía era fuerte pero tenía límites. Lo que pasaba a menudo era que las mujeres que se defendían iban lejos allá donde les pagan muy bien y había mucha demanda y le confiaban sus niños a Madame Rosa para no volver nunca. Se iban y pluf. Todo eso son historias de niños que no se hicieron abortar a tiempo y que no eran necesarios. Madame Rosa los colocaba a veces en familias que se sentían solas y que los necesitaban, pero era difícil porque hay leyes. Cuando una mujer se ve obligada a defenderse, no tiene derecho al poder paterno, por culpa de la prostitución. Entonces tiene miedo de perder su estatus y esconde al niño para no verlo encargado. Le pide a gente que conoce y donde la discreción es segura que se lo cuiden. No les puedo contar todos los hijos de putas que vi pasar por donde Madame Rosa, pero los había que como yo estaban de manera definitiva. Los más duraderos después de yo eran Moisés, Banania y el Vietnamita, que finalmente tomó un restaurante en rue Monsieur le Prince y que ya no reconocería si me lo encontrara, de lo lejos que es.

Cuando comencé a reclamar a mi mamá, Madame Rosa me trató de pequeño pretencioso y que todos los árabes eran así, les dan la mano y quieren todo el brazo. Madame Rosa no era así ella misma, lo decía solo por los prejuicios y yo sabía bien que era su preferido. Cuando me ponía a dar alaridos, los demás se ponían a gritar también y Madame Rosa se encontró con siete niños que le reclamaban a sus madres con alaridos a quién más duro y le dio una verdadera crisis de histeria colectiva. Se arrancaba el pelo que ya no tenía y tenía lágrimas que brotaban por la ingratitud. Se escondió la cara con las manos y siguió llorando pues esta época no tiene piedad. Había hasta yeso que caía de la pared, no porque Madame Rosa llorara, eran solo daños materiales.

Madame Rosa tenía el pelo gris que se le caía también porque ya no se tenía bien. Tenía mucho miedo de quedarse calva, es una cosa terrible para una mujer que no tiene casi nada más. Tenía más nalgas y senos que cualquiera y cuando se miraba al espejo se hacía grandes sonrisas, como si tratara de gustarse. Los domingos se ponía la pinta de los pies a la cabeza, se ponía la peluca peliroja e iba a sentarse en la plaza Beaulieu y se quedaba ahí varias horas con elegancia. Se maquillaba varias veces al día pero qué quieren que haga. Con la peluca y el maquillaje se veía menos y ponía siempre flores en el apartamento para que fuera todo más bonito alrededor de ella.

Cuando se calmó, Madame Rosa me llenó al cuartico y me dijo que era un embustero y me dijo que a los embusteros siempre los castigan con la cárcel. Me explicó que mi madre veía todo lo que yo hacía y que si quería volvérmela a encontrar un día, me tocaba tener una vida limpia y honrada, sin delincuencia juvenil. El cuartico era más pequeño que esto, y Madame Rosa no cabía entera, por culpa de su extensión y es hasta raro cuánto había para una persona tan sola. Creo que se debía sentir aún más sola ahí.

Cuando dejaban de llegar las fianzas por alguno de nosotros, Madame Rosa no echaba al culpable. Era el caso del pequeño Banania, su padre era desconocido y no se le podía reprochar nada; su mamá mandaba un poco de plata cada seis meses si acaso. Madame Rosa regañaba a Banania pero a este no le importaba porque no tenía sino tres años y sonrisas. Creo que Madame Rosa de pronto hubiera entregado a Banania a la Asistencia pero no a su sonrisa y como no se podía quedar con lo uno y sin lo otro, se veía obligada a guardarlos ambos. A mí me encargaba que llevara a Banania a los hogares africanos de la rue Bisson para que viera negros, a Madame Rosa le parecía importante eso.

- Tiene que ver negros, si no, después no va a asociarse.

Yo cogía entonces a Banania y lo llevaba a mi lado. Lo recibían muy bien porque son personas que dejaron a sus familias en África y un niño siempre le trae a uno a la mente a otro. Madame Rosa no tenía ni idea si Banania que se llamaba Touré era un malí o un senegalés o un guineano u otra cosa, su madre se defendía en la rue Saint-Denis antes de irse a Abidjan y esas son cosas que no se pueden saber en la ocupación. Moisés también era muy irregular pero en ese caso Madame Rosa estaba bloqueada porque la Asistencia pública no se podían hacer eso entre judíos. Para mí, la fianza de trescientos francos llegaba a principio de mes siempre y yo era inatacable. Creo que Moisés tenía madre y a ella le daba pena, sus padres no sabían nada y ella era de buena familia y además Moisés era rubio ojiazul y sin la nariz señalítica y eso eran confesiones espontáneas, era solo mirarlo.

Mis trescientos francos al mes seguros infligían a Madame Rosa respeto con respecto a mí. Ya iba sobre mis diez años, incluso tenía problemas de precocidad porque a los árabes se nos para siempre de primeros. Yo sabía que representaba para Madame Rosa algo sólido y que miraría dos veces antes de hacer salir al lobo del bosque. Fue lo que pasó en el cuartico cuando tenía seis años. Ustedes me dirán que revuelvo los años, pero no es verdad, y les explicaré cuando me dé por ahí cómo tomé bruscamente un golpe de viejo.

- Oye, Momó, eres el mayor, tienes que dar ejemplo, entonces deja de hacer pataleta con el cuento de tu mamá. Sus mamás, ustedes de buenas que no las conocen, porque a su edad, todavía es sensible uno, y son unas putas que ni hablar, parece que uno soñara, a veces. ¿Sabes qué es una puta?

- Es gente que se defiende con el culo.

- Me pregunto donde habrás aprendido semejante horror, pero hay mucha verdad en lo que dices.

- ¿Usted también se defendió con el culo, Madame Rosa, cuando era joven y bella?

Sonrió, le gustaba oir decir que había sido joven y bella.

- Eres tierno, Momó, pero tranquilízate. Estoy vieja y enferma. Desde que salí de Auschwitz no he tenido más que problemas.

Se ponía tan triste que ni siquiera se le notaba lo fea. Le puse el brazo alrededor del cuello y le di un beso. Se decía en la calle que era una mujer sin corazón y es cierto que no había nadie que se ocupara de ella. Había soportado sin corazón sesenta y cinco años y había momentos en que había que perdonarle.

Lloraba tanto que me dieron ganas de orinar.

- Disculpe, Madame Rosa, tengo ganas de orinar.

Después le dije:

- Madame Rosa, bueno, por lo de mi mamá ya sé bien que no es posible, pero ¿no podría conseguir entonces un perro?

- ¿Qué? ¿Qué? ¿Crees que aquí cabe un perro? ¿Y con qué lo voy a alimentar? ¿Quien le va a mandar fianzas?

Pero no dijo nada cuando me robé un perrito gris crespo en el almacén de animales de la rue Calefeutre y me lo traje a la casa. Entré al almacen, pregunté si podía acariciar al perrito y la dueña me dio el perro cuando la miré como lo sé hacer. Lo tomé, lo acaricié y después me largué como una flecha. Si hay algo que sé hacer es correr. Sin eso no se puede sobrevivir.


-

Se me enredó la vida con ese perro. Me dio por quererlo como no está permitido. Los demás también, salvo tal vez Banania, que le daba exactamente lo mismo, ya era feliz así, sin razón, jamás he visto a un negro feliz con razón. Tenía todo el tiempo al perro en los brazos y no lograba encontrarle nombre. Cada vez que pensaba en Tarzán o Zorro sentía que había en algún lugar un nombre que no tenía a nadie y que esperaba. Finalmente escogí Súper pero con mil reservas, con la posibilidad de cambiar si encontraba algo mejor. Yo tenía en mí excesos acumulados y le di todo a Súper. No sé qué habría hecho sin él, era verdaderamente urgente, habría terminado en la cárcel seguramente. Cuando lo paseaba, me sentía alguien porque yo era todo lo que él tenía en el mundo. Lo quería tanto que hasta lo regalé. Ya tenía nueve años o algo así y uno ya piensa a esa edad, salvo tal vez cuando uno está feliz. También hay que decir sin querer hacer sentir mal a nadie que el apartamento de Madame Rosa era triste, incluso cuando uno estaba acostumbrado. Entonces cuando Súper empezó a crecer para mí en el plano sentimental, quise darle una vida, es lo que habría hecho por mí mismo, si me fuera posible. Noten que no era cualquiera tampoco, era un perrito. Una señora dijo oh qué perro tan bonito y me preguntó si era mío y si lo vendía. Yo estaba mal vestido, tengo una cara como de otro lado y ella notó bien que era un perro de otro ambiente.

Le vendí a Súper por quinientos francos y él hacía un verdadero negocio. Le pedí quinientos francos a la señora porque quería estar seguro de que tuviera con qué sostenerlo. Caí bien, hasta tenía carro con chofer y metió inmediatamente ahí a Súper, por si acaso yo tenía padres que fueran a pegar el grito. Entonces ahora les voy a contar y no me lo van a creer. Cogí los quinientos francos y los boté en una alcantarilla. Después me senté en el andén y chillé como un ternero con los puños en los ojos, pero estaba feliz. Donde Madame Rosa no había seguridad y todos pendíamos de un hilo, con la vieja enferma, sin plata y con la Asistencia pública sobre nuestras cabezas y eso no es vida para un perro.

Cuando volví a la casa y le dije que había vendido a Súper por quinientos francos y que había botado la plata en una alcantarilla, a Madame Rosa le dio pavor, me miró y corrió a encerrarse con doble llave en el cuarto. Después, siempre se encerraba a dormir con llave, por si acaso yo le cortaba la garganta. Los otros niños hicieron un ruidajo terrible cuando supieron, porque en realidad no querían a Súper, era solo para jugar.

Éramos un montón en esa época, siete u ocho. Estaba Salima, que su madre había logrado salvar cuando los vecinos la denunciar por puta de andén y le vino la Asistencia social por indignidad. Interrumpió al cliente y pudo sacar a Salima que estaba en la cocina por la ventana del primer piso y la escondió toda la noche en una caneca. Llegó a donde Madame Rosa por la mañana con la niña que olía a basura en estado de histeria. También estaba de paso Antoine que era un verdadero francés y el único de origen y lo mirábamos todos con cuidado para ver cómo estaba hecho. Pero no tenía ni dos años, entonces no se veía gran cosa. De resto no me acuerdo quien más, cambiaba todo el tiempo con las mamás que venían a recoger a sus hijos. Madame Rosa decía que las mujeres que se defienden no tienen suficiente apoyo moral porque muchas veces los proxinetas no hacen su trabajo como deberían. Necesitan a sus hijos para tener razones de vivir. Volvían muchas veces cuando tenían un momento o una enfermedad y se llevaban a su hijo al campo para estar juntos. Nunca entendí por qué no le permiten a las putas catalogadas educar a sus hijos, a las otras no les importa. Madame Rosa pensaba que era por culpa de la importancia del sexo en Francia, que no tienen en otras partes, aquí toma proporciones que uno no se puede imaginar, cuando no lo ha visto. Madame Rosa decía que el sexo es lo más importante en Francia junto con Luis XIV y es por eso que las prostitutas, como les dicen, son perseguidas porque las mujeres honestas quieren que sea solo para ellas. Yo ví en la casa a mujeres llorando, las habían denunciado con la policía por tener un niño por la ocupación que tenían y se morían de miedo. Madame Rosa las tranquilizaba, les explicaba que ella tenía un comisario de policía que era él también un hijo de puta y que la protegía y que tenía un judío que le hacía papeles falsos que nadie podía descubrir, de lo auténticos que eran. Nunca vi a ese judío porque Madame Rosa lo ocultaba. Se habían conocido en el hogar judío en Alemania donde no fueron exterminados por error y se habían jurado que nunca los agarrarían. El judío estaba en alguna parte en un barrio francés y se falsificaba papeles como loco. Era por sus cuidados que Madame Rosa tenía documentos que probaban que era otra, como todo el mundo. Decía que con eso, ni los israelíes hubieran podido probarle nada. Claro, nunca estaba completamente tranquila al respecto, porque para eso toca estar muerto. En la vida siempre está el pánico.

Les decía entonces que los niños gritaron por horas cuando regalé a Súper para asegurarle un porvenir que no existía con nosotros, salvo para Banania, que estaba muy contento, como siempre. Yo a ustedes les digo que ese salaud no era de este mundo, ya tenía cuatro años y todavía estaba contento.

Lo primero que hizo Madame Rosa al día siguiente fue arrastrarme a donde el doctor Katz para ver si yo no estaba chiflado. Madame Rosa quería que me tomaran sangre y miraran si no era sifilítico por ser árabe, pero al doctor Katz le dio tal rabia que su barba temblaba, porque se me olvidó contarles que tenía una barba. Vaceó a Madame Rosa algo de la casa y le gritó que eran rumores de Orleans. Los rumores de Orleans, era cuando los judíos que vendían ropa no drogaban a las blancas para mandarlas a los burdeles y todo el mundo los odiaba, hacen hablar de ellos por nada.

Madame Rosa seguía en conmoción.

- ¿Cómo fue, exactamente?

- Cogió quinientos francos y los botó a una alcantarilla.

- ¿Es su primera crisis de violencia?

Madame Rosa me miraba sin contestar y yo estaba muy triste. Nunca me ha gustado hacer sufrir a la gente, soy filósofo. Había detrás del doctor Katz un barco de velas sobre una chimenea con alas blancas y como yo me sentía triste, quería irme bien lejos, lejos de mí mismo, y me puse a volar, me subí y atravesé los océanos con mano segura. Fue ahí creo a bordo del velero del doctor Katz que me fui lejos por primera vez. Hasta ahí no puedo decir que de verdad fuera un niño. Todavía ahora, si quiero, puedo subirme en el velero del doctor Katz e irme lejos solo a bordo. Nunca se lo he comentado a nadie y siempre me hacía el que estaba ahí presente.

- Doctor, le ruego que examine bien a este niño. Usted me prohibió las emociones, por el corazón, y él vendió lo que le era más caro en el mundo, y botó quinientos francos en una alcantarilla. Incluso en Auschwitz nadie hacía eso.

El doctor Katz era muy conocido por todos los judíos y árabes alrededor de la rue Bisson por su caridad cristiana y cuidaba a todo el mundo de la mañana a la tarde e incluso después. Guardé muy buen recuerdo de él, era el único lugar donde oía hablar de mí mismo y donde me examinaban como si fuera algo importante. Venía frecuentemente solo, no porque estuvieran enfermo, sino para sentarme en su sala de espera. Me quedaba ahí un buen rato. Él obviamente notaba que yo estaba ahí porque sí y que ocupaba un asiento mientras el mundo estaba lleno de miseria, pero me sonreía siempre muy gentilmente y no se enfadaba. Pensaba mirándolo que si tuvieran padre, habría escogido al doctor Katz.

- Quería a ese perro como no debería estar permitido, lo tenía en sus brazos hasta para dormir, y ¿qué hizo? Venderlo y botar la plata. Este niño no es como todo el mundo, doctor. Me da miedo que sea un caso de locura repentina en su familia.

- Le puedo asegurar que no va a pasar nada, absolutamente nada, Madame Rosa.

Me puse a llorar. Sabía bien que no pasaría nada pero era la primera vez que lo oía abiertamente.

- No hay por qué llorar, mi pequeño Mohammed. Pero puedes llorar si te hace sentir mejor. ¿Llora mucho?

- Nunca, dijo Madame Rosa. Nunca llora ese niño, aunque Dios sabe cuanto sufre.

- Bueno, pues ahí ve que ya está mejor, dijo el doctor. Llora. Se desarrolla normalmente. Hizo bien trayéndolo, Madame Rosa, le voy a recetar a usted unos tranquilizantes. En usted es sencillamente ansiedad.

- Cuando uno cuida niños, tiene que tener mucha ansiedad, doctor, si no se vuelven hampones.

Al salir, caminamos por la calle cogidos de la mano. A Madame Rosa le gusta que la vean acompañada. Se demora poniéndose la pinta para salir porque fue una mujer y todavía le queda algo de eso. Se maquilla mucho pero ya no sirve para nada querer ocultarse a su edad. Tiene una cara de vieja rana judía con gafas y asma. Al subir las escaleras con las compras, se detiene todo el tiempo y dice que un día se va a morir en la mitad, como si fuera tan importante completar todos los seis pisos.



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Comments

( 8 comments — Leave a comment )
(Anonymous)
Feb. 22nd, 2008 10:46 am (UTC)
traducción del libro
Me hace falta comparar la traducción del libro, unos capítulos en concreto, los tienes todos?? Déjame tu mail y te comento el trabajo, gracias
(Anonymous)
Mar. 22nd, 2008 10:51 am (UTC)
Gary
Ya reeditaron La vida ante sí en español. Y el que de verdad está genial es Mimos, hay que insistir para conseguirlo pero se devora!
jozefpronek
Mar. 23rd, 2008 03:39 pm (UTC)
Re: Gary
Gracias por el dato. Le seguiré la pista.
(Anonymous)
Jun. 10th, 2008 07:28 am (UTC)
Traducción de La vie devant soi
El libro está traducido al español con el título de LA VIDA ANTE SI. La última publicación, que sepa, es la de la editorial DEBOLSILLO este año, 2008, y también se puede comprar por Internet, por ejemplo, en:
http://www.navlan.es/tienda/product_info.php?products_id=2023 a menos de 9 euros. También fue publicada el año pasado, 2007, en PLATAFORMA EDITORIAL S.L. Está en varias librerías, por ejemplo, en la Casa del Libro, donde también se puede comprar por Internet:
http://www.casadellibro.com/fichas/fichabiblio/0,,2900001211926,00.html?codigo=2900001211926&nombre=LA%20VIDA%20ANTE%20SI a 21 y pico euros.
(Anonymous)
Mar. 3rd, 2009 07:05 pm (UTC)
No tendras todo el libro traducido ..¿no? es urgente esk mañana hacemos un examen y te lo agradeceria muchisimo¡¡
(Anonymous)
Apr. 3rd, 2009 10:24 pm (UTC)
Libro completo
Muchas Gracias por la traduccion, ¿sabes donde puedo conseguir el libro completo?, necesito representarlo en una obra de teatro y es muy importante.
Gracias
(Anonymous)
Mar. 25th, 2010 09:11 am (UTC)
Traducción
Yo tengo este libro traducido, y la verdad es que existen grandes diferencias con la tuya.
(Anonymous)
Jul. 2nd, 2010 09:17 am (UTC)
Anoche ví la obra en escena, en la versión de José María Pou con Concha Velasco como Madame Rosa... la verdad es que no conocía el texto (ni al autor) y me encantó, es divertida y emocionante a partes iguales. Gracias por colgar esta traducción, un saludo desde España :)
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