Llevo algo más de veinte años oyendo a trozos la HJCK. El reciente anuncio del "alquiler" de la frecuencia 89.9 a alguna emisora de Caracol, para las eternas baladas o simplones vallenatos comerciales, aún no cala aquí.
Para mí, la ausencia de la HJCK del dial es (aún) tan improbable como si anunciaran que dentro de quince días se acaba la Carrera Séptima.
Tiene que ver con que siempre, desde que la descubrí, tomé "for granted" a la HJCK, algo así como la presencia de los cerros detrás de Bogotá, o el campus de la Nacional, o algo por el estilo.
Mi historia personal con la HJCK ha sido una historia de vaivenes y lejanías. Cuando estaba en el colegio, y compraba discos de música clásica con esfuerzo enorme (un disco valía alrededor de 1000 pesos, en la época en que el pasaje de bus valía 10 pesos y una empanada chilena, de las grandes, en Dominó, valía 50 pesos), una vez la HJCK lanzó un concurso para ganarse nada menos que 40 discos (una fortuna en esa época). El concurso consistía en oir y oir la HJCK durante una semana, y contar con el mayor detalle posible toda la programación de una semana. Yo quería desesperadamente ganarme los 40 discos (¡además uno podía ir y escoger los 40 discos que quisiera en la tienda de música del Arquitecto Ortega, en el cuarto piso de Unicentro!). Como no podía oir todo el tiempo la emisora, pues iba al colegio y tenía otras actividades, terminé reclutando a la abuela, tías que sabía que tenían el tiempo, y mal que bien armé un esquema bastante completo de toda la programación de esa semana. No gané ese sorteo.
Más adelante dejé de escuchar la HJCK: me parecía que no renovaban su colección de discos, y pasaban constantemente Lechuguinis y Repollinis, toda clase de compositores menores del siglo XVIII que me exasperaban. Lo más aventurero parecía ser Berlioz o tal vez de vez en cuando los últimos cuartetos de Beethoven, cuando realmente querían ser revolucionarios. Yo andaba descubriendo muchas muchas músicas de muchas épocas, y la HJCK al principio de los 90 parecía tener una seria crisis de rumbo. Se volvió una emisora aburrida, con propagandas de Gloria Valencia hablando con Pacheco y el eterno (o al menos eso creía yo) programa de jazz de Roberto Rodríguez Silva.
Pero últimamente parecía distinta. La aparición de comentarios como el de Manuel Kalmanovitz, los convenios interesantes con varias emisoras europeas, la programación que ahora incluía música del mundo, el excelente programa de música barroca que acompaña (hasta ahora) mis salidas de judo después de las ocho manejando hasta la casa, todo eso hacía parte de nuevo del paisaje sonoro. En el carro, el exceso de mamertismo de algunos programas de UN-Radio me ha alejado un poco de esa otra emisora (era mejor hace un par de años - últimamente UN Radio parece dedicada a sacar a relucir los personajes más "jartos" de la Nacional), y la calidad alta de la HJCK en muchos horarios ha hecho que retorne mucho ahí.
Sintonizar la HJCK es tan obvio para mí aquí en Bogotá como enfilar la Séptima, o bajar a pie por la Jiménez... como que a pesar de mil cambios y nuevas avenidas, uno sabe que "siempre estarán ahí" esas cosas.
Me parece increíble que desaparezca del dial la HJCK. Sí, claro, continuará supuestamente existiendo por la red, pero no creo, francamente, que puedan seguir congregando a la gente que congregan hasta ahora.

Comments
2. En safari es imposible hacer replies directamente a comentarios en este nuevo template. Sus crisis de identidad siempre ponen a penar a mi pobre navegador.
Safari tiene una manera rara de manejar estos motores. ¿Por qué no usa firefox?