Me invitaron Juan y Patricia a ver danza contemporánea en un teatro en Chapultepec. Nadia Lartigue hizo una pre-presentación de Punctum - una obra de danza minimalista de energía sumamente concentrada - hierro al blanco parece. Profundamente conmovedora, iluminada con proyectores de diapositivas, es un homenaje inteligente a varias ideas primordiales en fotografía: el punctum, la superposición de luces, de blancos, el rictus.
- Location:Teatro de la Danza - Chapultepec - Ciudad de México
- Music:máquina de escribir, diapositivas pasando
- Location:Mexico DF
After a long hiatus (tempered partially by twitter), I have been paying attention to blogs once again. In many ways, twitter-facebook-blablabla have taken a toll on blogs: many people who updated regularly letting others (?) know what they were at are now just 140-character twitting, or embedding videos in facebook. But I welcome this development: posts I have read recently in blogs I used to follow with some regularity now seem (perhaps) more substantial. In a way, twitter-facebook has stolen from blogs one of their former features - but perhaps these mugged, stripped blogs are now better for having discharged their load onto facebook-twitter. Sometimes indeed less is more.
- Location:Bogotá
- Music:Grieg Piano Concerto
Bloomsday bogotano armado de fragmentos a medio realizar - como ese nadador de la foto en Sandycove lanzándose al agua, aún suspendido en el aire. Suspensión y quietud aparente - a la espera del estrepitoso golpe con el agua fría y las olas. Inicio del 16 enviando el globo al aire, leyendo trozos de Rilke a la medianoche - admirando su consistencia que lo llevó a aislarse del mundo para escribir en una torre abandonada del Valais, sin luz eléctrica ni agua corriente, armado de su pura convicción de tener que completar sus ciclos poéticos. Inicio del 16 revisando opciones polacas y lionesas, posibilidades de Cracovias versus posibilidades de la Francia de los antipapas, ponderando mil y mil páginas de volar barato, de tren veloz, incluso de alquiler de carro imposible a través de la cortina de hierro. Estado de semivigilia precedente al sueño, desafortunadamente esta vez sin pieza de matemática que componer - amalgama de poesía leída fugazmente, francias y polonias contrapuestas, pantallazos, la nada. La cama caliente en la noche fría bogotana, sacar a Apolo a la sala sin prender las luces y sin despertar a MC, la cama y el abrazo desde el abismo profundo del sueño. El caer incesante, el golpe con el mar y las olas y las rocas y mi caos. El vaivén del mundo en esas poquísimas horas de sueño (nunca suficientes, siempre demasiadas), acomodamientos, brazos, sábanas, dulces envolventes y súbitamente ásperos codos de mi orgía mental.
Al despertar, María Clara prepara desayuno mientras me baño (este Bloomsday fue así - a veces al revés): huevos a los que les falta un minuto de cocción, pero son melcochudos, aceite de oliva argentino de aceituna manzanilla, café del Huila recién molido y pasado por la prensa francesa, saltin Noel integral, dulce de papayuela hecho con papayuelas de Chía que se dejan remojar en el azúcar para cocinarse en el almibar resultante - sabor carameludo no muy dulce, muy sutil. El baño... ah, el baño. Escribo notas en el vidrio, que el vaho borra inmediatamente. Las escribo con jabón para que no se vayan tan rápido. Me demoro como siempre más de lo que debería si tuviera conciencia del gasto de agua. Vapor, jabón de arcilla y romero de Whole Foods, estropajo. La alegría de la limpieza diaria cuidadosa en los mil resquicios del cuerpo (ojalá uno pudiera bañar así su espíritu diariamente - no es muy claro cómo sería ni qué quedaría). Loción de Cade provenzal. Vapor y olor a café recién molido. Pero antes del desayuno y baño, caminata al Parque de la Independencia con MC y Apolo. Apolo que ahora lleva bozal - desde sus desastres digestivos - durante parte de la caminata - pero entiende ya que no debe comer el delicioso pollo que deja la gente en la calle a medio comer, ni las ollas de arroz que almas caritativas (¿envenenativas?) ponen en las esquinas para alimentar (¿matar?) a los perros del barrio. Al salir, me demoro un poco y tengo que correr hasta la Quinta para alcanzarlos. Me duele el tobillo derecho. De pronto es cosa de familia, lo del dolor de articulaciones.
Corra para la UN. Este día en carro (martes se puede) a entregar exámenes. Llegado al semáforo de la 13 con 32 me doy cuenta que justo se me quedaron en la casa los dichosos exámenes. Vuelta por la Avenida Caracas, la Calle 34, y suba para la Macarena de nuevo. Vuelta a salir, con los exámenes y ahora con María Clara, que va a una sesión de trabajo en la Garcés.
Imprima a toda los documentos para la Embajada de México... para saber que hoy no puede firmar la carta laboral - que la pedí demasiado tarde. Cita cancelada y pospuesta. Otro inicio en falso.
Vuelta a la casa en vez de ir a la Embajada de México, almuerzo delicioso hecho por María Clara - tarde de trabajo en ciernes, pero que resulta ser una tarde disconexa, marcada por mil inicios en falso de mil cosas. Preciso en Bloomsday tenía que pasar eso, yo que hubiera preferido decir que terminé tal artículo, escribí tal reseña, tuve tal idea, probé tal lema. Ayer no fue ese otro tipo de día. Seguía divagando con las olas y las piedras, nadando contra la corriente del mar, atrapado por sirenas y criaturas del mar, enfangado y preocupado por estar enfangado.
Cita con Myriam la especialista en shiatsu al final de la tarde. Mil preguntas, dudas, sobre mi tobillo, sobre mi hígado, sobre el estrés bogotano, sobre la gripa A y el viaje a México, sobre los tapabocas y los buses y el metro. Y millones de intersticios óseos limpiados del exceso linfático, puntos y canales de limpieza hepática, renal, para prevenir trombosis, para balancear el yin y el yang. Sesión de hora y media de shiatsu, al cabo de la cual resulta uno a la vez diez años más joven y diez años más viejo que antes de iniciar. Sesión de shiatsu de María Clara justo después. A ella le va mucho mejor que a mí. ¿En qué ciudad vive usted señora? Porque no parece que viviera en Bogotá...
Comida armada con vegetales del almuerzo y tomates frescos con sal y aceite de oliva. Delicioso.
Inicio de nueva caída nocturna. Esta vez Mishima - La Música. La exploración sin recato de partes insondables de la sexualidad humana, por parte de Mishima. En La Música, un psicoanalista de Tokio da con el caso de una joven, muy atractiva, que no puede oir música. Su organismo se cierra a la música tan pronto esta empieza a sonar. Yendo más a fondo, hay una exploración increíble de la frigidez femenina, de lo múltiple y variada que puede ser - de cómo para algunas mujeres puede ser un arma de defensa ante los embates masculinos, para otras puede ser una pérdida radical de su libertad de sentir placer. Janet Malcolm, Suely Rolnik... y ahora Mishima - todos conectados con el psicoanálisis - todos a la vez críticos y apasionados de este. Vuelvo por vez n a Mishima - desde mi adolescencia ha sido importante para mí, y siempre que lo creo superado entre mis lecturas aparece algún poche como este, algún libro que alguien había dejado, alguna librería especial, y alguna joya novedosa.
Y vuelvo.
Al despertar, María Clara prepara desayuno mientras me baño (este Bloomsday fue así - a veces al revés): huevos a los que les falta un minuto de cocción, pero son melcochudos, aceite de oliva argentino de aceituna manzanilla, café del Huila recién molido y pasado por la prensa francesa, saltin Noel integral, dulce de papayuela hecho con papayuelas de Chía que se dejan remojar en el azúcar para cocinarse en el almibar resultante - sabor carameludo no muy dulce, muy sutil. El baño... ah, el baño. Escribo notas en el vidrio, que el vaho borra inmediatamente. Las escribo con jabón para que no se vayan tan rápido. Me demoro como siempre más de lo que debería si tuviera conciencia del gasto de agua. Vapor, jabón de arcilla y romero de Whole Foods, estropajo. La alegría de la limpieza diaria cuidadosa en los mil resquicios del cuerpo (ojalá uno pudiera bañar así su espíritu diariamente - no es muy claro cómo sería ni qué quedaría). Loción de Cade provenzal. Vapor y olor a café recién molido. Pero antes del desayuno y baño, caminata al Parque de la Independencia con MC y Apolo. Apolo que ahora lleva bozal - desde sus desastres digestivos - durante parte de la caminata - pero entiende ya que no debe comer el delicioso pollo que deja la gente en la calle a medio comer, ni las ollas de arroz que almas caritativas (¿envenenativas?) ponen en las esquinas para alimentar (¿matar?) a los perros del barrio. Al salir, me demoro un poco y tengo que correr hasta la Quinta para alcanzarlos. Me duele el tobillo derecho. De pronto es cosa de familia, lo del dolor de articulaciones.
Corra para la UN. Este día en carro (martes se puede) a entregar exámenes. Llegado al semáforo de la 13 con 32 me doy cuenta que justo se me quedaron en la casa los dichosos exámenes. Vuelta por la Avenida Caracas, la Calle 34, y suba para la Macarena de nuevo. Vuelta a salir, con los exámenes y ahora con María Clara, que va a una sesión de trabajo en la Garcés.
Imprima a toda los documentos para la Embajada de México... para saber que hoy no puede firmar la carta laboral - que la pedí demasiado tarde. Cita cancelada y pospuesta. Otro inicio en falso.
Vuelta a la casa en vez de ir a la Embajada de México, almuerzo delicioso hecho por María Clara - tarde de trabajo en ciernes, pero que resulta ser una tarde disconexa, marcada por mil inicios en falso de mil cosas. Preciso en Bloomsday tenía que pasar eso, yo que hubiera preferido decir que terminé tal artículo, escribí tal reseña, tuve tal idea, probé tal lema. Ayer no fue ese otro tipo de día. Seguía divagando con las olas y las piedras, nadando contra la corriente del mar, atrapado por sirenas y criaturas del mar, enfangado y preocupado por estar enfangado.
Cita con Myriam la especialista en shiatsu al final de la tarde. Mil preguntas, dudas, sobre mi tobillo, sobre mi hígado, sobre el estrés bogotano, sobre la gripa A y el viaje a México, sobre los tapabocas y los buses y el metro. Y millones de intersticios óseos limpiados del exceso linfático, puntos y canales de limpieza hepática, renal, para prevenir trombosis, para balancear el yin y el yang. Sesión de hora y media de shiatsu, al cabo de la cual resulta uno a la vez diez años más joven y diez años más viejo que antes de iniciar. Sesión de shiatsu de María Clara justo después. A ella le va mucho mejor que a mí. ¿En qué ciudad vive usted señora? Porque no parece que viviera en Bogotá...
Comida armada con vegetales del almuerzo y tomates frescos con sal y aceite de oliva. Delicioso.
Inicio de nueva caída nocturna. Esta vez Mishima - La Música. La exploración sin recato de partes insondables de la sexualidad humana, por parte de Mishima. En La Música, un psicoanalista de Tokio da con el caso de una joven, muy atractiva, que no puede oir música. Su organismo se cierra a la música tan pronto esta empieza a sonar. Yendo más a fondo, hay una exploración increíble de la frigidez femenina, de lo múltiple y variada que puede ser - de cómo para algunas mujeres puede ser un arma de defensa ante los embates masculinos, para otras puede ser una pérdida radical de su libertad de sentir placer. Janet Malcolm, Suely Rolnik... y ahora Mishima - todos conectados con el psicoanálisis - todos a la vez críticos y apasionados de este. Vuelvo por vez n a Mishima - desde mi adolescencia ha sido importante para mí, y siempre que lo creo superado entre mis lecturas aparece algún poche como este, algún libro que alguien había dejado, alguna librería especial, y alguna joya novedosa.
Y vuelvo.
- Location:Bogotá
- Location:Bogotá
- Music:Sonata op. 58 - Chopin
Esto hace eco a bluelephant, sobre la convocatoria de Portnoy (Javier Avilés) a escribir sobre nuestros pequeños Bloomsdays personales en los blogs:
Cada uno de los participantes intentará crear, a modo de entrada de diario, una historia sobre lo que haga durante el día 16 de junio.
Quien esté interesado, el día 16 crearía una entrada en su blog titulada Bloomsday, en principio vacía o con la anotación Work in Progress (título provisional del Finnegan’s Wake) y mandará la dirección URL de la entrada a:
Luego, por la noche (territorio de Molly Bloom) o al día siguiente escribirá, sin restricciones en cuanto a extensión, estilo o forma, sobre lo acaecido (realidad o ficción, aunque al final siempre es ficción) durante el día 16.
De alguna manera (improvisando, claro) Javier intentará coordinar todos los enlaces que manden.
Trataré de participar. Agradezco a Javier Moreno el señalar esta convocatoria, que creo producirá cosas interesantes. (Sin embargo, emular a Joyce parece algo medio imposible. Aunque no lo he leído todo, sí he leído a veces trozos largos. Cada capítulo es bien distinto de los otros. La descripción del mar, y el nado en este, parece lograr que el inglés suene a mar, a olas, a conchas, a gris, a sal, a naufragados, a algas. Otras partes capturan el ambiente de los entierros: la expectación del final, el reencuentro con compañeros absurdos del colegio, la tristeza mezclada con aburrición, el hambre, la sed de cerveza. Otros exploran el convivir con una persona por años. Y otros y otros... ¿qué más puede querer uno?)
- Music:From the Grammar of Dreams
Por momentos se asusta uno de tanta belleza. Paisajes de la costa atlántica colombiana que literalmente lo laceran a uno de la belleza pura y dura: salinas de Manaure, Serranía del Perijó (imposible no pensar en los horrores que ahí suceden, pero no en esta película), Sierra Nevada de Santa Marta, Nabusimake, Mompós, la Alta Guajira, campos de sorgo cercanos al Magdalena, la misma Ciénaga y sus nuevas Venecias repletas de puentes que evocan el Rialto, la llegada a Mompós navegando por el río Magdalena, el mar visto desde las estribaciones de la sierra.
En Colombia hoy en día atreverse a hacer una película donde no se aborde directamente el eterno (?) problema de la violencia, desplazamiento, paramilitarismo, guerrilla, corrupción, etc. etc. etc. etc. etc. parece casi absurdo. Y sin embargo, con esa premisa tan extraña: recorrer en burro las llanuras de muchas regiones de la costa, buscando algo indefinido (¿tonos? ¿honor? ¿reposo?) sin mencionar una sola vez de manera directa lo que pasa ahí, pero colmándolo (hasta la saciedad lacerante) a uno de la variedad racial hermosísima de este país, de idioma bantú en los palenques, de idiomas indígenas de la Guajira, de la suavidad increíble del español del Caribe, de vistas y vistas y vistas y más vistas de ríos, ciénagas, mar, mar, montaña, nieve, árboles, gente, mercados, badeas, plátanos, papayas, ceibas - con esa premisa tan extraña logra Ciro Guerra algo muy pero muy unsettling (¿cómo traducir unsettling?), muy triste y enormemente feliz a la vez. Muy radical.
La película es una cachetada saludable. Nos muestra de frente, sin arandelas tipo "Colombia es pasión", sin voz en off, sin nada de eso, lo que nos estamos perdiendo. Nos muestra caras y más caras, caras negras, mulatas, mestizas, de indios guajiros, de indios de la Sierra Nevada, caras costeñas, caras bellísimas ajadas por el viento y el sol, caras durísimas. Nos muestra nuestros paisajes (aún) vacíos - vacíos tal vez por el subdesarrollo, los conflictos, pero en últimas refrescantemente vacíos.
Decía María Clara que el mercado de Mompós como lo muestran en Los viajes del viento bien podría ser el mercado de alguna ciudad italiana en alguna versión operática de Zeffirelli. Sí. Sí y no. No necesariamente. Es cierto que es absurdamente limpio todo en la película. Pero también es cierto que Italia está lejos de ser un país limpio, y que sin embargo fueron capaces de inventar óperas idealistas durante siglos y siglos - cine increíble en varios momentos - y que no todo tenía que estar hablando de los problemas graves que tenían.
El ritmo. Solo he visto juglares de la Costa Atlántica una vez en la vida, en una noche feliz en una panadería de Mompós hace ya casi 20 años. En esta película uno va de juglería en juglería, de festival vallenato en acordeones para el duelo, de cajeros (tocadores de caja) aprendices en los palenques a los muchachos jóvenes trepados en las palmas en Semana Santa para convertirse en mejores cajeros si atrapan ciertos pájaros, de historias inspiradas en Francisco el Hombre a (de nuevo) acordeones de despedida a los muertos.
Si yo no hubiera hecho viajes por carretera por Colombia, creo que no podría entender los escenarios de Los viajes del viento. Pasa uno de vista increíble en vista aún más absurdamente bella - a sabiendas de lo que sucede ahí detrás - y queda uno boquiabierto con lo que ve. Pero nos pasó igualito cuando fuimos en enero a Armero, Mariquita, Honda, y bajamos por el valle del Magdalena hasta el Macizo Colombiano, donde las montañas parecen tan densas que cree uno por fin la teoría de las placas tectónicas, y donde cada vista parece más absurdamente bella que la anterior (y donde al dormir en Rivera, Huila se despierta uno para aprender que los concejales de ese pueblo fueron asesinados por las Farc en el mismo hotel donde estaba uno, hace cuatro o cinco años). Ninguna película colombiana, nunca, que yo haya visto, había logrado capturar esa maravilla brutal y medio absurda del paisaje, de los árboles, de las montañas, de la gente. Ya por eso vale la pena verla.
Vimos anoche un trozo (tal vez la mitad) de La Strada. Es muy raro pasar de ver La Strada, con la Italia pobrísima, sin solución a la vista para los pobres, de los años 50, a ver Los viajes del viento al día siguiente. ¡Hay tantos puntos de contacto (en la mente de Ciro Guerra o no, termina siendo irrelevante) entre esas dos películas! Dos personas andando y andando, con problemas de comunicación brutales, sin diálogo, rodeados de un mundo en el fondo sumamente hostil (a pesar de esa belleza absurda de la costa atlántica de Colombia).
Algunos amigos han clasificado (negativamente) Los viajes del viento como una película de "realismo mágico". Yo no sé a estas alturas si "realismo mágico" sigue significando algo, sobre todo cuando se usa peyorativamente. Simplemente es una historia de dos personas andando a pie y en burro por el mundo - una historia que ha sido contada mil y mil veces pero que puede sorprender aún - dependiendo del cómo es contada.
La llegada a Manaure en la película me parece un homenaje (intencional o no) a 4 años a bordo de mí mismo, de uno de los Zalamea hace ya un par de generaciones. Mi lectura de 4 años a bordo de mí mismo - en 1982 - aún me marca. Los episodios de Manaure, leídos durante mi propia adolescencia, me parecen evocar los sueños de libertad, búsqueda de sí mismo, desencuentros del bogotano idealista con el guajiro pragmático. Nunca desde entonces había sentido el ansia brutal de ver esas salinas blancas, con las guajiras andando en túnicas azules, con el mar absoluto y las leyes brutales del mundo.
En el fondo la película sí es violentísima. Al fin y al cabo es un recorrido en la costa atlántica colombiana. Pero lo violento sucede en un plano simbólico puro que es (veo en este momento) mucho más radical que el gore más sanguíneo. Atacar un acordeón a machete, la danza del duelo en un puente de Nueva Venecia en la Ciénaga Grande: en la película esos actos de violencia (que parecen nulos comparados con el noticiero diario) son como arquetipos de la violencia: al igual que objetos genéricos, capturan la dimensión exacta de la violencia más brutal, sin tener que mostrar gran cantidad de sangre, de muertos. Los viajes del viento es acaso una de las películas más violentas - violencia como la belleza: no mediada, radical - que hay para ver.
En Colombia hoy en día atreverse a hacer una película donde no se aborde directamente el eterno (?) problema de la violencia, desplazamiento, paramilitarismo, guerrilla, corrupción, etc. etc. etc. etc. etc. parece casi absurdo. Y sin embargo, con esa premisa tan extraña: recorrer en burro las llanuras de muchas regiones de la costa, buscando algo indefinido (¿tonos? ¿honor? ¿reposo?) sin mencionar una sola vez de manera directa lo que pasa ahí, pero colmándolo (hasta la saciedad lacerante) a uno de la variedad racial hermosísima de este país, de idioma bantú en los palenques, de idiomas indígenas de la Guajira, de la suavidad increíble del español del Caribe, de vistas y vistas y vistas y más vistas de ríos, ciénagas, mar, mar, montaña, nieve, árboles, gente, mercados, badeas, plátanos, papayas, ceibas - con esa premisa tan extraña logra Ciro Guerra algo muy pero muy unsettling (¿cómo traducir unsettling?), muy triste y enormemente feliz a la vez. Muy radical.
La película es una cachetada saludable. Nos muestra de frente, sin arandelas tipo "Colombia es pasión", sin voz en off, sin nada de eso, lo que nos estamos perdiendo. Nos muestra caras y más caras, caras negras, mulatas, mestizas, de indios guajiros, de indios de la Sierra Nevada, caras costeñas, caras bellísimas ajadas por el viento y el sol, caras durísimas. Nos muestra nuestros paisajes (aún) vacíos - vacíos tal vez por el subdesarrollo, los conflictos, pero en últimas refrescantemente vacíos.
Decía María Clara que el mercado de Mompós como lo muestran en Los viajes del viento bien podría ser el mercado de alguna ciudad italiana en alguna versión operática de Zeffirelli. Sí. Sí y no. No necesariamente. Es cierto que es absurdamente limpio todo en la película. Pero también es cierto que Italia está lejos de ser un país limpio, y que sin embargo fueron capaces de inventar óperas idealistas durante siglos y siglos - cine increíble en varios momentos - y que no todo tenía que estar hablando de los problemas graves que tenían.
El ritmo. Solo he visto juglares de la Costa Atlántica una vez en la vida, en una noche feliz en una panadería de Mompós hace ya casi 20 años. En esta película uno va de juglería en juglería, de festival vallenato en acordeones para el duelo, de cajeros (tocadores de caja) aprendices en los palenques a los muchachos jóvenes trepados en las palmas en Semana Santa para convertirse en mejores cajeros si atrapan ciertos pájaros, de historias inspiradas en Francisco el Hombre a (de nuevo) acordeones de despedida a los muertos.
Si yo no hubiera hecho viajes por carretera por Colombia, creo que no podría entender los escenarios de Los viajes del viento. Pasa uno de vista increíble en vista aún más absurdamente bella - a sabiendas de lo que sucede ahí detrás - y queda uno boquiabierto con lo que ve. Pero nos pasó igualito cuando fuimos en enero a Armero, Mariquita, Honda, y bajamos por el valle del Magdalena hasta el Macizo Colombiano, donde las montañas parecen tan densas que cree uno por fin la teoría de las placas tectónicas, y donde cada vista parece más absurdamente bella que la anterior (y donde al dormir en Rivera, Huila se despierta uno para aprender que los concejales de ese pueblo fueron asesinados por las Farc en el mismo hotel donde estaba uno, hace cuatro o cinco años). Ninguna película colombiana, nunca, que yo haya visto, había logrado capturar esa maravilla brutal y medio absurda del paisaje, de los árboles, de las montañas, de la gente. Ya por eso vale la pena verla.
Vimos anoche un trozo (tal vez la mitad) de La Strada. Es muy raro pasar de ver La Strada, con la Italia pobrísima, sin solución a la vista para los pobres, de los años 50, a ver Los viajes del viento al día siguiente. ¡Hay tantos puntos de contacto (en la mente de Ciro Guerra o no, termina siendo irrelevante) entre esas dos películas! Dos personas andando y andando, con problemas de comunicación brutales, sin diálogo, rodeados de un mundo en el fondo sumamente hostil (a pesar de esa belleza absurda de la costa atlántica de Colombia).
Algunos amigos han clasificado (negativamente) Los viajes del viento como una película de "realismo mágico". Yo no sé a estas alturas si "realismo mágico" sigue significando algo, sobre todo cuando se usa peyorativamente. Simplemente es una historia de dos personas andando a pie y en burro por el mundo - una historia que ha sido contada mil y mil veces pero que puede sorprender aún - dependiendo del cómo es contada.
La llegada a Manaure en la película me parece un homenaje (intencional o no) a 4 años a bordo de mí mismo, de uno de los Zalamea hace ya un par de generaciones. Mi lectura de 4 años a bordo de mí mismo - en 1982 - aún me marca. Los episodios de Manaure, leídos durante mi propia adolescencia, me parecen evocar los sueños de libertad, búsqueda de sí mismo, desencuentros del bogotano idealista con el guajiro pragmático. Nunca desde entonces había sentido el ansia brutal de ver esas salinas blancas, con las guajiras andando en túnicas azules, con el mar absoluto y las leyes brutales del mundo.
En el fondo la película sí es violentísima. Al fin y al cabo es un recorrido en la costa atlántica colombiana. Pero lo violento sucede en un plano simbólico puro que es (veo en este momento) mucho más radical que el gore más sanguíneo. Atacar un acordeón a machete, la danza del duelo en un puente de Nueva Venecia en la Ciénaga Grande: en la película esos actos de violencia (que parecen nulos comparados con el noticiero diario) son como arquetipos de la violencia: al igual que objetos genéricos, capturan la dimensión exacta de la violencia más brutal, sin tener que mostrar gran cantidad de sangre, de muertos. Los viajes del viento es acaso una de las películas más violentas - violencia como la belleza: no mediada, radical - que hay para ver.
- Music:Karita Mattila
Aunque uno no sabe hasta dónde tomar al pie de la letra las declaraciones de los políticos (uno crece en cualquier parte del mundo aprendiendo a tomar con grano de sal lo que digan), estas declaraciones de Sergio Fajardo me parecen interesantes y genuinas. Se las oí decir ya (en versiones distintas, de pronto una vez que nos invitó a sus alumnos de Teoría de Modelos II a comer pizza en Deluchi hace décadas ya, y nos llevó en el carro de él por la Circunvalar hasta el norte).
Uno puede leer esto de muchas maneras. Ahora mismo lo veo así (de pronto mañana refino un poco): un conjunto básico de principios es el análogo de un sistema axiomático de alguna teoría T - la parte sintáctica de la propuesta. Una propuesta para la sociedad ya es algo semántico: la sociedad es el mundo real, y la propuesta de este es cierto mundo real M* (ojalá distinto del nuestro) - o mejor aún, toda una clase de posibles mundos reales M*. Y finalmente, completando la tríada, una forma de hacer la política. "Forma de hacer" puede ser muchas cosas distintas, pero es claramente una manera de hacer que se muevan el conjunto básico de principios y la propuesta para la sociedad. Uno puede tener conjuntos básicos de principios maravillosos y sociedades ideales perfectas, pero sin el modus operandi correcto, sin la forma de hacer adecuada, no puede llegar a ninguna parte. Esa tríada (similar a tríadas que ocurren en teoría de modelos - o en otras partes de la matemática) parece bastante transparente.
Ignoro si Sergio tiene (o no) sistemas axiomáticos, propuestas para la sociedad, formas de hacer política, que nos ayuden a salir del atolladero actual. Lo más probable es que él mismo sepa que esos tres elementos irán fluctuando a medida que ejerza la presidencia (si gana las elecciones). Si no se deja cegar (como casi todos los demás políticos) por las mieles del poder, por los grupos de personas que solo le dicen lo que quiere oir, puede ser que la fluctuación de esos tres elementos sea la más adecuada posible. Ciertamente espero yo eso en este momento.
Sigue la entrevista - y se torna más explícita aún la analogía con la teoría de modelos:
Más claro no podía ser... retoma (de otra manera) su sistema axiomático, su clase de modelos posibles y sus transiciones (el jugo de todo en matemática y ... ojalá... en la política que propone Sergio). Agrega un elemento nuevo, político (o externo), pero que quiero leer como matemático: el énfasis en problemas. En matemática uno no va por ahí aprendiendo un montón de teorías. La mejor manera de aprender de verdad algo, de hacerlo parte de uno, es demostrar un teorema nuevo en esa área. Así trabajamos los matemáticos. Los tres problemas que menciona Sergio son cruciales para Colombia: desigualdades sociales profundas, deudas territoriales acumuladas y violencia. El tercero ("violencia"), sin contexto, no quiere decir gran cosa. Es demasiado genérico. Pero hablar explícitamente de deudas territoriales acumuladas no es genérico en Colombia. Es mencionar uno de los grandes problemas que gobiernos como el actual pasan por alto olímpicamente (o mejor dicho, no pasan por alto: contribuyen a la acumulación aún mayor de las deudas territoriales).
Quiero creer (en mi posible ingenuidad) que esos problemas abiertos son más fáciles de resolver que problemas abiertos que han mantenido activa la mente de matemáticos brillantísimos durante siglos. Si de algo ha de servir el planteamiento triádico de Sergio (que me gusta por razones estéticas - los matemáticos nos movemos primordialmente por impulsos puramente estéticos - algo poco estudiado hasta ahora por los filósofos con la seriedad que merece el tema - con excepciones importantes), si para algo ha de servir cualquier teoría matemática es para (tarde o temprano) resolver problemas duros... o por lo menos avanzar hacia su solución. Quiero creer que Sergio puede.
Va armando el sistema poco a poco en lo que sigue de la entrevista:
Axioma 1: No hay idea ni propósito que justifique el uso de la violencia. Este axioma (mockusiano, gandhiano, etc.), si Fajardo lo cumple, tiene consecuencias enormes, y marcan una distancia fundamental con la actual política de la "seguridad democrática" (cosa fluida, pero que incluye los gritos ultraguerreristas de personajes de la calaña de Santos). Tiene consecuencias enormes con respecto a la guerrilla (Fajardo menciona el momento de la silla vacía ante Pastrana como el momento de quiebre - uno podría agregar que esa silla vacía trajo horrores mayores y menores - uno de esos horrores el presidente actual y sus constantes manoseos a la legalidad). Sería interesante que Fajardo elaborara más sobre este axioma 1.
Diagnostica Sergio: Los paramilitares tienen todos una relación directa e íntima con el narcotráfico. El narcotráfico toca todos los espacios de nuestra sociedad. El contexto aquí es menos claro. El diagnóstico no menciona las conexiones entre paramilitares y estado - está elaborando sobre el efecto del narcotráfico. No es claro (para mí) qué forma de hacer propone Sergio aquí con respecto al paramilitarismo.
Sin embargo, en el párrafo siguiente ofrece algo valioso, con respecto al narcotráfico:
Yo quiero ver un presidente de Colombia que no solo diga eso, sino que empiece a actuar en distintos lugares (internos y externos) sobre esta claridad. Quiero que suba alguien (aún no sé si Sergio o quién) que rompa la hipocresía y la lógica bushista que vivimos anacrónicamente en esta Colombia de hoy. Estaré pendiente de cómo elabora Sergio el tema, cómo logra tanguear entre seguir siendo políticamente viable y seguir diciendo que si se legaliza la droga se resuelve el problema - como convertir esas propuestas en inicios de soluciones.
El resto de la entrevista contiene notas sobre las relaciones de poder, diplomacia, etc. entre distintos países de América Latina, España y Estados Unidos. Exalta Sergio el rol novedoso de España, el rol hábil de Brasil, la gran esperanza con Obama y el rol mediador de Chile. Exalta a Brasil y a Chile como los modelos a seguir.
Y cierra con una oda a la social democracia - y con una crítica a la ausencia de propuestas realmente creativas que vengan de Europa en este momento.
Yo sigo pendiente de ver qué sigue proponiendo Sergio, qué sigue haciendo. Mi voto aún no está decidido, pues falta mucho. Me gusta por razones estéticas el que piense aún inspirado por la matemática.
Si algo enseña la matemática es cierta humildad ante los verdaderos problemas. No hay matemático serio que no haya sido completamente doblegado por un problema insoluble (o muy duro). La inmensa mayoría de los finales de día, para un matemático de verdad, tienen una lista larga de "por hacer" y pocos logros... Eso mantiene viva la disciplina y con mente juvenil al matemático. Cualquier asomo de creer que uno sabe puede ser tumbado al día siguiente por algún jovencito con mayor lucidez.
Para mí eso es muy sano - es duro, pero es sano. Si un político llega a resolver problemas (digamos, los tres problemas que menciona Sergio) con actitud de matemático, puede que al final no nos trate de vender espejismos como tantos han hecho, como tantos están haciendo.
Muchos colombianos estamos pendientes, Sergio.
Somos un movimiento cívico independiente que tiene tres componentes: un conjunto básico de principios, una propuesta para la sociedad y una forma de hacer la política.
Uno puede leer esto de muchas maneras. Ahora mismo lo veo así (de pronto mañana refino un poco): un conjunto básico de principios es el análogo de un sistema axiomático de alguna teoría T - la parte sintáctica de la propuesta. Una propuesta para la sociedad ya es algo semántico: la sociedad es el mundo real, y la propuesta de este es cierto mundo real M* (ojalá distinto del nuestro) - o mejor aún, toda una clase de posibles mundos reales M*. Y finalmente, completando la tríada, una forma de hacer la política. "Forma de hacer" puede ser muchas cosas distintas, pero es claramente una manera de hacer que se muevan el conjunto básico de principios y la propuesta para la sociedad. Uno puede tener conjuntos básicos de principios maravillosos y sociedades ideales perfectas, pero sin el modus operandi correcto, sin la forma de hacer adecuada, no puede llegar a ninguna parte. Esa tríada (similar a tríadas que ocurren en teoría de modelos - o en otras partes de la matemática) parece bastante transparente.
Ignoro si Sergio tiene (o no) sistemas axiomáticos, propuestas para la sociedad, formas de hacer política, que nos ayuden a salir del atolladero actual. Lo más probable es que él mismo sepa que esos tres elementos irán fluctuando a medida que ejerza la presidencia (si gana las elecciones). Si no se deja cegar (como casi todos los demás políticos) por las mieles del poder, por los grupos de personas que solo le dicen lo que quiere oir, puede ser que la fluctuación de esos tres elementos sea la más adecuada posible. Ciertamente espero yo eso en este momento.
Sigue la entrevista - y se torna más explícita aún la analogía con la teoría de modelos:
Creo que nuestro sistema tiene una analogía con lo que hacemos los matemáticos. Entendemos problemas, tenemos axiomas, resolvemos problemas de manera coherente con los axiomas. Lo que determinan las cosas son los principios. Los primeros problemas que debemos definir son las desigualdades sociales profundas, las deudas territoriales acumuladas y la violencia.
Más claro no podía ser... retoma (de otra manera) su sistema axiomático, su clase de modelos posibles y sus transiciones (el jugo de todo en matemática y ... ojalá... en la política que propone Sergio). Agrega un elemento nuevo, político (o externo), pero que quiero leer como matemático: el énfasis en problemas. En matemática uno no va por ahí aprendiendo un montón de teorías. La mejor manera de aprender de verdad algo, de hacerlo parte de uno, es demostrar un teorema nuevo en esa área. Así trabajamos los matemáticos. Los tres problemas que menciona Sergio son cruciales para Colombia: desigualdades sociales profundas, deudas territoriales acumuladas y violencia. El tercero ("violencia"), sin contexto, no quiere decir gran cosa. Es demasiado genérico. Pero hablar explícitamente de deudas territoriales acumuladas no es genérico en Colombia. Es mencionar uno de los grandes problemas que gobiernos como el actual pasan por alto olímpicamente (o mejor dicho, no pasan por alto: contribuyen a la acumulación aún mayor de las deudas territoriales).
Quiero creer (en mi posible ingenuidad) que esos problemas abiertos son más fáciles de resolver que problemas abiertos que han mantenido activa la mente de matemáticos brillantísimos durante siglos. Si de algo ha de servir el planteamiento triádico de Sergio (que me gusta por razones estéticas - los matemáticos nos movemos primordialmente por impulsos puramente estéticos - algo poco estudiado hasta ahora por los filósofos con la seriedad que merece el tema - con excepciones importantes), si para algo ha de servir cualquier teoría matemática es para (tarde o temprano) resolver problemas duros... o por lo menos avanzar hacia su solución. Quiero creer que Sergio puede.
Va armando el sistema poco a poco en lo que sigue de la entrevista:
Axioma 1: No hay idea ni propósito que justifique el uso de la violencia. Este axioma (mockusiano, gandhiano, etc.), si Fajardo lo cumple, tiene consecuencias enormes, y marcan una distancia fundamental con la actual política de la "seguridad democrática" (cosa fluida, pero que incluye los gritos ultraguerreristas de personajes de la calaña de Santos). Tiene consecuencias enormes con respecto a la guerrilla (Fajardo menciona el momento de la silla vacía ante Pastrana como el momento de quiebre - uno podría agregar que esa silla vacía trajo horrores mayores y menores - uno de esos horrores el presidente actual y sus constantes manoseos a la legalidad). Sería interesante que Fajardo elaborara más sobre este axioma 1.
Diagnostica Sergio: Los paramilitares tienen todos una relación directa e íntima con el narcotráfico. El narcotráfico toca todos los espacios de nuestra sociedad. El contexto aquí es menos claro. El diagnóstico no menciona las conexiones entre paramilitares y estado - está elaborando sobre el efecto del narcotráfico. No es claro (para mí) qué forma de hacer propone Sergio aquí con respecto al paramilitarismo.
Sin embargo, en el párrafo siguiente ofrece algo valioso, con respecto al narcotráfico:
Todos sabemos que si se legaliza la droga se resuelve al problema, pero también sabemos que políticamente esto no es viable.
Yo quiero ver un presidente de Colombia que no solo diga eso, sino que empiece a actuar en distintos lugares (internos y externos) sobre esta claridad. Quiero que suba alguien (aún no sé si Sergio o quién) que rompa la hipocresía y la lógica bushista que vivimos anacrónicamente en esta Colombia de hoy. Estaré pendiente de cómo elabora Sergio el tema, cómo logra tanguear entre seguir siendo políticamente viable y seguir diciendo que si se legaliza la droga se resuelve el problema - como convertir esas propuestas en inicios de soluciones.
El resto de la entrevista contiene notas sobre las relaciones de poder, diplomacia, etc. entre distintos países de América Latina, España y Estados Unidos. Exalta Sergio el rol novedoso de España, el rol hábil de Brasil, la gran esperanza con Obama y el rol mediador de Chile. Exalta a Brasil y a Chile como los modelos a seguir.
Y cierra con una oda a la social democracia - y con una crítica a la ausencia de propuestas realmente creativas que vengan de Europa en este momento.
Yo sigo pendiente de ver qué sigue proponiendo Sergio, qué sigue haciendo. Mi voto aún no está decidido, pues falta mucho. Me gusta por razones estéticas el que piense aún inspirado por la matemática.
Si algo enseña la matemática es cierta humildad ante los verdaderos problemas. No hay matemático serio que no haya sido completamente doblegado por un problema insoluble (o muy duro). La inmensa mayoría de los finales de día, para un matemático de verdad, tienen una lista larga de "por hacer" y pocos logros... Eso mantiene viva la disciplina y con mente juvenil al matemático. Cualquier asomo de creer que uno sabe puede ser tumbado al día siguiente por algún jovencito con mayor lucidez.
Para mí eso es muy sano - es duro, pero es sano. Si un político llega a resolver problemas (digamos, los tres problemas que menciona Sergio) con actitud de matemático, puede que al final no nos trate de vender espejismos como tantos han hecho, como tantos están haciendo.
Muchos colombianos estamos pendientes, Sergio.
- Location:Bogotá
I really don't remember with my mind. At least not while I am sitting at Espresso Royale in Madison's State Street and churns of images take physically hold of me. Owen, Bluff, Kendall and going by bicycle, the corner where once a car almost hit me, the corner of the wild plants, Hyer teaching counterpoint and riding his bycicle on Kendall, the special kind of dry cold of Madison in April... While driving along Kendall, I felt like I was pedalling through the cold, avoiding ice patches, covering my ears against the wind, thinking about counterpoint, Bach's Menuet from the French Suites - the tough homework - María Clara travelling to Colombia to see her family, the wind in Madison. Parking at Lake. The terrible Mac Donalds and even worse Walgreens. Touching base at Espresso Royale (still one of the best spots in the whole world - unfoldables were born here). Missing the caramels they used to have. I surprised myself feeling (rather than thinking) Where is my bicycle? I need my bicycle to ride up Bascom Hill - much more fun than walking - but my bicycle I sold it for 5 dollars more than ten years ago, and instead I drove Stella's car from the suburbs and will therefore have to walk up Bascom Hill.
Memory is really in the gut. I feel - perhaps in the diaphragm muscle - the weird sensation I felt so many times here: write counterpoint lines, or hw in algebraic geometry (that was easier than counterpoint)...
[Impossible for me to choose a picture that would convey the physicality of all this remembering. Perhaps Proust-madeleineic turns of phrases could do the trick - but that's quite beyond me!... so, NO PICTURE HERE]
The intensity of the lives of mathematicians who keep working, appearing, proving things, having students, well into their 70s and even 80s, is palpable here. What a contrast with Javier's description of functionarial mathematicians in other places. I think (and fear) this whole intensity may be connected with much less nice aspects of the basic culture here. But that's already too brainy. This post is about physicality, not about cerebrality.
Memory is really in the gut. I feel - perhaps in the diaphragm muscle - the weird sensation I felt so many times here: write counterpoint lines, or hw in algebraic geometry (that was easier than counterpoint)...
[Impossible for me to choose a picture that would convey the physicality of all this remembering. Perhaps Proust-madeleineic turns of phrases could do the trick - but that's quite beyond me!... so, NO PICTURE HERE]
The intensity of the lives of mathematicians who keep working, appearing, proving things, having students, well into their 70s and even 80s, is palpable here. What a contrast with Javier's description of functionarial mathematicians in other places. I think (and fear) this whole intensity may be connected with much less nice aspects of the basic culture here. But that's already too brainy. This post is about physicality, not about cerebrality.
- Location:Bogotá
The name is perfect. Could you imagine a "Vicky Cristina Madrid" movie? I could not. There is something about Barcelona, and especially about the mythic Barcelona so much in vogue among British and American tourists that makes a name like Vicky Cristina Barcelona somehow sound perfect. We went today with María Clara and Alejo - María Clara was making fun of us and at some point she said that if "Vicky Cristina Barcelona" sounds right, then "Alejandro Andrés Bogotá" also sounds quite right. I cannot fathom why she says it sounds right, but after such a movie plus a bottle of wine, that somehow fit the point.
I had low expectations for this movie. Javier had warned me about the silliness, the empty-headedness, the fake Barcelona. (I must say that while I enjoyed Allen's dismissal of all the issues that are vital to Catalans, such as the language itself, they must have felt a bit like a slap in the face to Catalans who take themselves, and all things Catalan, too seriously.) Somehow seeing Alejo laugh so much, enjoy so much of the movie's jokes and situations, I ended up liking quite a lot the movie and taking it as a fantastic tongue-in-cheek view of a not-too-serious city and some characters that yes, fall into stereotypes, but yes, are all well acted and convincing.
María Elena (Penélope Cruz) and her tantrums were pure delight for me. Her hair flying ridiculously in all possible directions while she fights with her ex(?)husband Juan Antonio (Javier Bardem) is so ridiculous that it becomes actually quite convincing within the context of the movie. The way the relationship between Cristina (Scarlett Johansson), Juan Antonio and María Elena evolves is an amazing high point of cinema: Allen manages to use the clothing of ridicule to actually make a deadly serious reflection on relationships and their evolution, on sexual orientation, on the way time may (or may not) affect love and affection, respect and dreams.
Vicky Cristina Barcelona takes a path followed already before by people such as Rabelais or Mozart: you can be burlesque, kitschy, clichéed on the surface and at the same time be very deep beneath the surface - use a clear and obvious surface to be more serious than most works. VCB is (by far) one of the best movies by Woody Allen - he manages to say new things while providing pure enjoyment. You can ride the clichés and meanwhile think of the serious questions the movie asks:
- What happens when you think your life is all planned-out and a week-end event makes everything fly?
- What is the limit of experimentation? (Vicky's hesitations - her faces, her doubts - are among the most beautifully acted parts of the whole movie. On the other hand, Cristina tries many things and gets fulfillment from her openness - yet at some point puts into question her own accomplishments... both situations are familiar and worth examining.)
- How can older age (or how can it not) counsel younger age? The conversation between older Judy and younger Vicky, when Judy sees that Vicky is about to repeat her own mistakes, is a marvel. The faces of Judy and Vicky, the hesitations, the doubts, the anguish.
- Location:Bogotá
Her Exit Wounds is by far one of the best comic books I have ever read. There is, however, something I am reading at this point: some entries from her visual blog at the New York Times. Click on the image to go on.
- Location:Bogotá
- Music:NPR's Choirs and Carols program
Looks amazing. Will post later (in some months?) about it, when I will have read some parts of it (just got it today!).
- Location:Pittsburgh
- Music:Inventiones (Bach)
Leo Villareal - Multiverse, 2008
Light-emitting diodes (LEDs), Mac mini, and electronic circuitry
Courtesy Conner Contemporary Art, Washington DC
"The moving walkway between the East and West Buildings has taken on a new dimension with the addition of the site-specific LED sculpture by artist Leo Villareal. About 41,000 LEDs were inserted in the vaulted architecture of the walkway. The artist then programmed the electronic circuitry to form kinetic configurations of white light conveying associations ranging from artificial life to organic form. The programming both instructs the lights and allows for an element of chance. While it is possible that a pattern will repeat during a viewer's experience, it is unlikely. This sculpture will be on view until November 2009."
- Music:Inventiones (Bach)
- Music:Inventiones (Bach)
Esta vez el concurso de farolitos (usualmente el 7 de diciembre, esta vez el 6) fue en formato origami. Pueden decir cuál farol prefieren...
Antipastos: albóndigas con canela y almendra tostada, pesto de macadamia, bocconcini di mozzarella al pesto y albahaca, berenjenas con tomate y queso al horno, tomates con hierbas de Provenza y aceite de oliva al horno, fondant au chocolat, lychees




Antipastos: albóndigas con canela y almendra tostada, pesto de macadamia, bocconcini di mozzarella al pesto y albahaca, berenjenas con tomate y queso al horno, tomates con hierbas de Provenza y aceite de oliva al horno, fondant au chocolat, lychees
- Location:Bogotá
- Music:The White Album (The Beatles)
- Location:Bogotá
- Music:ChocQuibTown en vivo (Parque de la Independencia)
Con Alejo, Gabi y María Clara fuimos esta vez a función de 9:30 a ver El nido vacío de Daniel Burman. Hace cuatro años casi exactos vimos El abrazo partido, que también me impactó mucho - decía entonces yo que esa otra película de Burman capturaba la textura del no-ser.
Si esa era una película de texturas (Buenos Aires en un barrio popular - el Once - ser y no ser de aquí o de allá - texturas de infinitas europas, judaísmos y rusidades mezcladas en el hablar porteño), El nido vacío es una película de miradas y respiración asfixiada.
Miradas rápidas, melancólicas, constantes. La mirada medio irónica de un paciente a su odontóloga que lo atrae. Miradas de entendimiento, de innuendos, de reproche velado, de complicidad. Respiración asfixiada de un antiguo fumador que se desespera y se ahoga cuando está rodeado permanentemente de fumadores, se asfixia al no entender las llegadas tardías de su esposa, busca volar y volar con un avión de control remoto y termina feliz flotando en el Mar Muerto al lado de su esposa, durante un viaje extraño a Israel que termina levantando el vaho del soporífico ambiente porteño, del exceso de psicoanálisis de la vida de los esposos.
La escena inicial, en un restaurante con ex-compañeros de universidad de la esposa, con mil y mil preguntas de índole sugestiva, inquisitiva, psicoanalítica, que casi sin pensar van soltando sus frases, es impresionante. Repleta de humor velado, de ritmo de las miradas, de capas y más capas de posibles significados que se van entramando, es un verdadero placer de introducción a ese mundo.
La soledad - y la mirada de soledad, la angustia - de un esposo que no entiende bien a su esposa, de un padre que extraña a sus tres hijos que se fueron - están capturadas a la maravilla. Las cajas de FedEx a los hijos y el cuidado que pone en armar los paquetes que les va a enviar. La conversación con el psicoanalista, y la "terapia" de la mano no dominante, todo es una red de sutileza, percepción, dudas, auto-engaños, miradas, soplo.
La música de Drexler aparece varias veces. Durante la llegada a Israel (ese momento tan emocionante siempre, tan silencioso y brutal) está de nuevo de fondo Drexler - me hizo falta música israelí en ese momento que siempre me ha parecido tan especial (el sherut subiendo por los montes de Judea desde el aeropuerto Ben Gurión). La mirada de los cuatro (padre, madre, hija, yerno) en ese sherut es otro momento fuerte de la película. Aunque Drexler es muy apropiado la mayoría de las veces, ese momento tal vez requería silencio puro - o algo distinto.
Por momentos mi referencia fue el Herzog de Saul Bellow - una versión de Buenos Aires de ese Herzog solitario, en búsqueda, atento, perdido, confundido por todo, nostálgico.
Si esa era una película de texturas (Buenos Aires en un barrio popular - el Once - ser y no ser de aquí o de allá - texturas de infinitas europas, judaísmos y rusidades mezcladas en el hablar porteño), El nido vacío es una película de miradas y respiración asfixiada.
Miradas rápidas, melancólicas, constantes. La mirada medio irónica de un paciente a su odontóloga que lo atrae. Miradas de entendimiento, de innuendos, de reproche velado, de complicidad. Respiración asfixiada de un antiguo fumador que se desespera y se ahoga cuando está rodeado permanentemente de fumadores, se asfixia al no entender las llegadas tardías de su esposa, busca volar y volar con un avión de control remoto y termina feliz flotando en el Mar Muerto al lado de su esposa, durante un viaje extraño a Israel que termina levantando el vaho del soporífico ambiente porteño, del exceso de psicoanálisis de la vida de los esposos.
La escena inicial, en un restaurante con ex-compañeros de universidad de la esposa, con mil y mil preguntas de índole sugestiva, inquisitiva, psicoanalítica, que casi sin pensar van soltando sus frases, es impresionante. Repleta de humor velado, de ritmo de las miradas, de capas y más capas de posibles significados que se van entramando, es un verdadero placer de introducción a ese mundo.
La soledad - y la mirada de soledad, la angustia - de un esposo que no entiende bien a su esposa, de un padre que extraña a sus tres hijos que se fueron - están capturadas a la maravilla. Las cajas de FedEx a los hijos y el cuidado que pone en armar los paquetes que les va a enviar. La conversación con el psicoanalista, y la "terapia" de la mano no dominante, todo es una red de sutileza, percepción, dudas, auto-engaños, miradas, soplo.
La música de Drexler aparece varias veces. Durante la llegada a Israel (ese momento tan emocionante siempre, tan silencioso y brutal) está de nuevo de fondo Drexler - me hizo falta música israelí en ese momento que siempre me ha parecido tan especial (el sherut subiendo por los montes de Judea desde el aeropuerto Ben Gurión). La mirada de los cuatro (padre, madre, hija, yerno) en ese sherut es otro momento fuerte de la película. Aunque Drexler es muy apropiado la mayoría de las veces, ese momento tal vez requería silencio puro - o algo distinto.
Por momentos mi referencia fue el Herzog de Saul Bellow - una versión de Buenos Aires de ese Herzog solitario, en búsqueda, atento, perdido, confundido por todo, nostálgico.
- Location:Bogotá
- Music:historia de tres hermanos
After meeting some of my students at the Juan Valdez, and discussing some model theory problems with them, we met with María Clara and walked back home along Carrera Séptima - the most symbolic throughfare in the center of Bogotá. The minga, the enormous Indian march from the Cauca in southwest Colombia, now camping at Universidad Nacional, was just in front of us. An awesome thing to see. Some groups of people backing them up... even a reduced group of uniandinos (twenty of them?) proudly bearing their university's emblem marching along! And several groups of students from Universidad Nacional, chanting against the government in ways more festive than usual.
This video, from Semana, shows one of the organizers of the Indian movements of the south of Colombia, Feliciano Valencia. His coherence, directedness and clarity are in sharp contrast with most of the usual media's smokeclouds. His explanation of the war, as it affects them, and his explanation of why the Indian Guard is not a military movement, are both very interesting to hear.
Showers: Alejo (
reflejos in LJese) writes various posts about cold showers and reflections on time. Daily showers are among the most beautiful moments of one's life. I write graffiti with my fingers on the glass shower wall. Graffiti to remind myself of doing something, or just yelling at some injustice or someone's obnoxiousness, or else remembering some kanji, or else playing with writing symbolic words in Hebrew - one of my favorite pastimes... The words get erased by steam before I even finish a sentence. That's the best part of it. Most of those graffiti writings would be shameful if they lasted for more than a few seconds.
I sometimes want to believe that the authors of stupid and ugly graffiti are ashamed of their defacing public space...</lj>
This video, from Semana, shows one of the organizers of the Indian movements of the south of Colombia, Feliciano Valencia. His coherence, directedness and clarity are in sharp contrast with most of the usual media's smokeclouds. His explanation of the war, as it affects them, and his explanation of why the Indian Guard is not a military movement, are both very interesting to hear.
Showers: Alejo (
I sometimes want to believe that the authors of stupid and ugly graffiti are ashamed of their defacing public space...</lj>
- Location:Bogotá
- Music:Grieg
We went for lunch with Sonat to a Peruvian restaurant, on 59th Street. One of those restaurants where if you don't eat the Peruvian sweet potato that comes with the ceviche, the waitress will gently scold you and ask, in Peruvian accent "pero señor, esa papita dulce la traemos desde el Perú, bien rica y bien cara que es... ¿cómo no se la va a comer?" - so that, prompted by her gentleness and her insistence, I end up trying the sweet potato that actually was truly delicious.
Driving back to Universidad Nacional, I put Angela Hewitt's version (on piano) of Rameau's Pièces de clavecin - the A minor suite, to be more precise. We were dazzled. Driving south along Carrera 21, through the parks of San Luis, crossing slowly 57th Street, crawling at the 53rd Street red light (with the kitchiest Christmas decorations of the world, so horribly tacky that they are actually interesting to go see), driving in the maze of early 20th century houses, box buildings of the 1960s and 1970s, street vendors selling fresh fruit, bogotanos in their cheap suits crossing streets, groups of secretaries walking and laughing and preparing for Friday evening - happy at the three-day week-end - all of this was just happening as if inside an aquarium, so dazzled I was to be listening to Rameau with Sonat.
Angela Hewitt's version keeps mixing harmonies (according to Sonat, she uses the pedal in a very strange way), in such a controlled way that it makes you wander trying to follow some melody (the Courante, the Gavotte! oh my!) and suddenly making you notice, by pure harmonic (antiharmonic? pseudo-enharmonic?) shiftings. I left Sonat at the corner of the Davivienda where he needed to stop, and continued to Universidad Nacional, with tears in my eyes prompted by the re-discovered Rameau. I realized I had never ever really listened to Rameau - at least never in such a moving way.
In the middle of the Fanfarinette, María Clara called - and interrupted Angela Hewitt's playing :) - the car stops music when getting a phone call, and transfers from the mobile to the car audio system. It was an amusing call - I told immediately María Clara she had interrupted Rameau. It was fun to talk to her, with Sonat saying hi and bye, and the magic of Rameau still in my head.
My own impression is that Angela Hewitt plays a Rameau that may be not so baroque, but has an internal coherence that makes it be almost debussian in style. Somehow, by just controlling very carefully the way she uses the pedal, the way she phrases around sentences, the way she allows a harmony to linger for fractions of seconds more than expected, she manages to put a watery quality to Rameau (Debussy!) - almost like watching Monet's enormous water lilies paintings.
Driving back to Universidad Nacional, I put Angela Hewitt's version (on piano) of Rameau's Pièces de clavecin - the A minor suite, to be more precise. We were dazzled. Driving south along Carrera 21, through the parks of San Luis, crossing slowly 57th Street, crawling at the 53rd Street red light (with the kitchiest Christmas decorations of the world, so horribly tacky that they are actually interesting to go see), driving in the maze of early 20th century houses, box buildings of the 1960s and 1970s, street vendors selling fresh fruit, bogotanos in their cheap suits crossing streets, groups of secretaries walking and laughing and preparing for Friday evening - happy at the three-day week-end - all of this was just happening as if inside an aquarium, so dazzled I was to be listening to Rameau with Sonat.
Angela Hewitt's version keeps mixing harmonies (according to Sonat, she uses the pedal in a very strange way), in such a controlled way that it makes you wander trying to follow some melody (the Courante, the Gavotte! oh my!) and suddenly making you notice, by pure harmonic (antiharmonic? pseudo-enharmonic?) shiftings. I left Sonat at the corner of the Davivienda where he needed to stop, and continued to Universidad Nacional, with tears in my eyes prompted by the re-discovered Rameau. I realized I had never ever really listened to Rameau - at least never in such a moving way.
In the middle of the Fanfarinette, María Clara called - and interrupted Angela Hewitt's playing :) - the car stops music when getting a phone call, and transfers from the mobile to the car audio system. It was an amusing call - I told immediately María Clara she had interrupted Rameau. It was fun to talk to her, with Sonat saying hi and bye, and the magic of Rameau still in my head.
My own impression is that Angela Hewitt plays a Rameau that may be not so baroque, but has an internal coherence that makes it be almost debussian in style. Somehow, by just controlling very carefully the way she uses the pedal, the way she phrases around sentences, the way she allows a harmony to linger for fractions of seconds more than expected, she manages to put a watery quality to Rameau (Debussy!) - almost like watching Monet's enormous water lilies paintings.
- Location:Bogotá, after judo
- Music:the final gavotte in my head
